lunes, 25 de febrero de 2013

CAPITULO 5-LOBOS

Dos figuras avanzaban por el bosque, descalzas, corriendo.
La suave tela plateada que formaba la túnica de Jessica resplandecía con el brillo de la luna, y ondeaba suavemente detrás de ella. Kelara, que iba detrás de ella, llevaba ropa normal, una camiseta verde y unos piratas vaqueros. Ambas iban descalzas, y casi sus pies no tocaban el suelo.
Otras tres figuras salieron de los árboles, lobos.
El más grande, es el que iba en la cabeza de la partida, con un pelaje negro como el azabache, y los ojos azules y grandes, con fauces grandes y garras intimidantes.
El otro, más pequeño, iba detrás del negro, era gris, de ojos negros, corría más que el negro, pero le dejaba en cabeza, ya que se ve que el lobo grande era el jefe.
El último era más pequeño, casi del tamaño de un lobo normal. Con los ojos azules como el primer lobo, y el pelaje casi negro.
-Mierda… nos siguen- dijo Kelara.
Aumentaron el ritmo de la carrera, no podían llevar a los lobos hasta el portal.
Por fin, les dieron esquinazo. Siguieron corriendo por si acaso, y, dieron un rodeo para llegar a su destino.
Casi al final del bosque, llegaron a un claro muy grande.
Al entrar, Kelara fue la primera en hincar la rodilla y saludar a los tres visitantes que les esperaban en ese lugar.
Estaban escondidos en las sombras, y a Jessica le costó más encontrarlos e imitar a su amiga.
-Mis señores…-dijeron al unísono.
-Levantaos- ordeno la tercera figura, que permaneció a la sombra de la noche.
La primera y la segunda figura salieron y la luz de la luna iluminó sus cuerpos.
Covan era el mayor de los tres, un año mayor que Kelara. Su cara angulosa estaba enmarcada por un halo de perfección que parecía enmarcar a la segunda figura también. Alex, un año menor que Covan.
Los dos chicos se acercaron a las muchachas. Covan abrazó a Kelara, y Alex avivó la sonrisa de Jessica con un beso en la mejilla.
La ultima figura, tras contemplar ese espectáculo, salió a la luz.
Los tres chicos se parecían entre ellos. Sus ojos eran de las pocas diferencias que tenían. Covan, los tenía azules, pero no los azules normales de la gente normal, los tenía cual mar embravecido por la peor tormenta.
Alex los tenía verdes, intensos, tanto como un prado de hierba interminable.
Y el último de todos… los tenía gris ceniza. Profundos, más oscuros a medida que se iban cerrando en la pupila. Por esa razón, por sus ojos, le dieron el apodo por el que le conocían; ceniza. 
Esa noche, en otro lugar del bosque.
-Se nos han escapado esas malditas doradas…-dijo Ibai, el lobo negro en su forma humana.
-Tranquilo…-intentó tranquilizarle Axel, el lobo gris.
-Papa- dice Xabi, el hijo de Ibai, que estaba viendo el estado de alteración de su padre.-Papa…
-Cállate Xabi- le ordena Axel.
-No digas eso Axel…- dice Ibai- lo siento Xabi, pero sabes que no deberías haber venido, te lo había prohibido, ¿y si te hubiese pasado algo?
-Lo siento papa… es que… no quiero estar en el campo solo mientras tu estas por ahí… yo quiero estar contigo papa…
 -Ay…-Ibai profirió un suspiro…- Xabi… ve yendo por delante, abre camino y ahora te seguimos.
-Vale papa- dijo Xabi, al tiempo que le crecía pelo por el cuerpo y se iba encorvando hasta convertirse en un pequeño hombre lobo. Pronto, desapareció entre los arboles del bosque.
-Ibai, yo quiero mucho a mi sobrino… pero no puede venir de nuevo a una misión, tenemos que conseguir destruir todos los portales, y acabar con los dorados que queden y lo sabes, si consiguen pasar aquí… sería una catástrofe.
-Lo se… lo se hermano, pero también quiero que aprenda a defenderse. Son importantes las dos cosas…
-Creo que tienes que ordenar tus prioridades Ibai.
Ibai pasó de responder y se transformó en lobo.
-Axel, no me digas lo que tengo que hacer, cierra la partida. Si ves algo raro, avisa-. Dijo Ibai, con la voz distorsionada al pasar el aire por la garganta del lobo.
-¿Y dónde está tu otro hijo?
-No lo sé… esta noche  iba a venir con nosotros, no sé dónde estará… este chico…- suena como un gruñido.
-Mañana hablaremos con él.
-Axel, ya hablare yo con él.
Ibai comenzó a correr, dejando a Axel solo.
No quiso decirle a Axel que ese día, su hijo tenía una cita muy especial, y que él esperaba que le hubiese ido lo mejor, y que Mireya le hubiese aceptado. ‘Después de todo,’ piensa `siempre se había llevado muy bien con Xabi, y, se lleva mejor aún con mi hijo Áster’
A la mañana siguiente
Me desperté temprano. Y me sorprendí al encontrar a Áster a mi lado. De pronto, todos los acontecimientos de la pasada noche, vinieron a mi mente.
Sonreí al volver a mirar a Áster, y recorrí con la mirada todos sus rasgos, ya que temía que si las recorría con las manos, le despertase.
Pero él ya estaba despierto.
-Buenos días- dije.
-Buenos días… ¿Qué tal has dormido?
-Pues… no ha estado mal…-respondí con mi mejor sonrisa.
-¿Qué no ha estado mal?- preguntó, aparentemente alarmado, pero con una mueca burlona en el rostro.
-Bueno… he tenido noches mejores.
-Admite que no.
-¿O sino qué?
-Pues…- sin apenas darme cuenta, salto y se colocó encima de mí, atrapo mis manos contra la almohada, rio a carcajadas y agacho la cabeza, de modo que nuestras narices se rozaron y su pelo me hizo cosquillas en la frente.
-Admite que ha sido tu mejor noche…-amenazó, repentinamente serio.
-Mmm… no ha sido mi mejor noche, pero… si ha sido mi mejor despertar- concluí con una sonrisa, me alcé todo lo que pude y le bese.
Realmente había sido mi mejor despertar.
*         *         *
Pasaron tres semanas en las que no ocurrió nada interesante.
Todas las noches, Áster se colaba en mi habitación y todas las mañanas, nos levantábamos temprano, y se iba por la ventana. En cuanto sus pies tocaban el suelo, él se transformaba en lobo y luego lo veía normalmente en el instituto.
La cosa con mis amigas estuvo tensa, con Kate y Cloe quedaba muchos días junto a Áster y los chicos de mis amigas. David y Jake. Los mejores amigos de ambas y, recientemente, sus novios.
Pero, la situación con Kelara y Jess se tornó extraña, ya apenas hablábamos y si cruzábamos palabras eran un simple saludo y preguntas de cortesía.
Tras casi cuatro semanas de incansable indiferencia por parte de Jess y Kelara, por fin, nos propusieron un plan. Una fiesta de pijamas, como las que hacíamos desde hacía dos años y que tanto las echaba de menos. Todas accedimos encantadas.
El plan era quedar con los amigos por la tarde, en la que Jess y Kelara nos presentarían a sus novios que tan celosamente los habían ocultado y, luego, iríamos a  casa de Kelara para la fiesta en la que solo estaríamos nosotras.
Llego el viernes por la tarde, el día de la fiesta, y, antes de quedar con los amigos, quedé con Kelara para dejar las cosas en su casa.
Así que, me fui antes. Una vez terminada la pequeña tarea, nos pusimos en marcha hacia la plaza mayor, también llamada la plaza del pozo.
Durante el camino, intente entablar conversación con Kelara, pero parecía que ella no estaba muy por la labor.
-Bueno… ¿Qué tal?
-bien ¿y tú?
-Bien… no me puedo quejar.
No se me ocurría nada de lo que pudiese hablar.
-Tengo ganas de conocer a tu novio- dije lo primero que se me vino a la mente, y surtió efecto.
-Y yo tengo ganas de que lo conozcáis-dijo Kelara, más animada y con una sonrisa de oreja a oreja- pero todo a su tiempo-. Añadió, dándole un toque de misterio al asunto.
El resto del trayecto hablamos de cosas más banales. Pronto, llegamos a la plaza.
En el centro, nos esperaban Jake, Cloe, David y Kate. Nos recibieron a las dos con dos besos. Charlamos para matar el tiempo. Al poco rato, llego Jess por una calle, y Áster por otra.
Ya solo quedaban los chicos de Jess y Kelara.
Los esperamos largo rato. No sabíamos ninguno, excepto quizás Kelara o Jess, el  por qué llegaban tan tarde.
Calló la noche, y solo entonces, aparecieron.
Acababan de salir de una de las calles que comunicaban con la plaza, cuando todos se quedaron callados.
Yo estaba en los brazos de Áster, y noté como se puso tenso.
Kelara y Jessica salieron corriendo a recibir a los recién llegados. Los restantes se miraron preocupados y se echaron un poco hacia atrás.
-Bueno chicos, os presento, este es Covan-. Dijo Kelara señalando al chico que tenía a su lado.
-Y este es Alex-. Dijo Jess mirando al chico que la estaba abrazando posesivamente.
-Ehh… encantada-. Dije yo, la única que dijo algo.
Los demás estaban muy serios. Parecía que habían creado una barrera alrededor suyo, que, ni el misil más potente podría derribar.
¿Qué había en aquellos dos chicos que les ponía tan nerviosos?
Me fije bien en ellos. Tenían el rostro anguloso y bien definido, el pelo les caía por la frente con forma de melena, sin llegar a tapar sus  ojos. Y sus ojos… yo me quede boquiabierta al verlos. Uno de ellos, Alex, los tenia de un azul oscuro que daba miedo, y, el otro, Covan, los tenía verdes intensos, cual prado de verde hierba. Te hacían temblar, y trasmitían millones de… matices, no sé cómo llamarlo, pero  era como si en aquellos ojos azules se encontrase la cara del azul más limpio y la del más brillante en perfecta sintonía.
-Encantado también-. Dijo Alex.
-Lo mismo digo…
-Soy Mireya.
-Ahh- dijo Alex, quien se mostró sorprendido- tu eres la famosa Mireya…
Covan me observaba con los ojos entrecerrados y la cara de alguien que está evaluando a otro alguien.
-Estos son Kate, Cloe, Jake, David, y Áster-. Dijo Jess para terminar las presentaciones.
Al decir el nombre de mi novio, los dos extraños le miraron. Y me sentí aliviada.
-Mmm… ¿no nos conocemos?- pregunto Alex. Decidí que era Alex el que preguntaba, y Covan el que juzgaba con la mirada.
-Creo que me he topado con un clon tuyo…
El silencio se instaló entre nosotros diez, lo que provoco una situación muy incómoda por parte de todos. Decidí poner fin a la situación.
-Bueno chicos, nosotras nos tenemos que ir.
<Es ella…> me pareció oír.
-¿Qué?-pregunte extrañada.
Covan volvió a dirigir su mirada hacia mí.
<interesante…> volví a oír, pensé que me lo había imaginado y pase de ello.
-Es verdad, tenemos fiesta en casa de Kelara-. Dijo Kate.
-¿Nos vamos ya? Pues…- Dijo Jess, acercándose a Alex y dándole un beso de despedida.
Todas hicimos lo mismo.
Cuando terminamos, nos pusimos en marcha. El camino fue animado, las chicas y yo conversamos sobre todo lo que se nos pasaba por la cabeza.
-¿Te acuerdas de la primera fiesta de pijamas?- Me pregunto Cloe.
-Ehh… ¿Qué?- no me había dado cuenta de que me habían hablado. Estaba demasiado ocupada en pensar en los dos extraños chicos que nos acababan de presentar, me recordaban a alguien, pero no sabía a quién- sí, ya me acuerdo, que fiestón…
-Tú estabas pensando en Áster, a que si-. Dijo Cloe con una sonrisa.
-Si…
-¡ya hemos llegado!- Anuncio Kelara, antes de que Cloe intentase preguntar algo más.
Pasamos la noche hablando de todo y de nada. De cómo y cuándo planearíamos nuestro aniversario, de donde celebraríamos nuestra próxima fiesta, de lo mal que nos caía la chica pecosa… de los chicos.
Ese tema fue el más incómodo de la velada, pero, por suerte, pronto paso el momento.
Comimos porquerías, bebimos refrescos y vimos películas, como en nuestras antiguas fiestas.
Y, a la hora de irnos a dormir, supe de qué me sonaban esos dos chicos, gracias a un sueño.
El sueño empezó en una sala grande, de techos altos, columnas al estilo griego y suelo de mármol. No había ventanas. La única iluminación provenía de unos pequeños candelabros que pendían de un soporte de hierro colgado en la pared.
De repente, la sala se llenó de gente que no conocía. Todos iban vestidos con trajes de época y máscaras, y parecía que no me  veían.
La sala empezó ha arder sin ningún motivo. Los cuerpos de la gente se consumían lentamente, mientras bailaban. Tampoco parecía que fuesen conscientes del fuego que comenzaba a quemar sus ropas.
Yo traté de avisarles, pero no me hacían caso.
Sentí que aquellas personas sufrían, que notaban sus miembros sucumbir ante el fuego. Y me trasmitían su sufrimiento a mí. Volví a ser empática después de un mes sin que me volviese a pasar.
Yo lloraba, por lo que me dolía todo el cuerpo al sentir las quemaduras de un fuego que no me afectaba y, por ver a toda esa gente convertirse en ceniza.
Los muros se derrumbaron, y de cada montón de ceniza, se formó un pequeño huracán que se acercaba a mí y que cuando llegaban a rozarme, se volvían a convertir en simple ceniza.
Después, vislumbre una figura humana. Parecía un ángel, se notaba el contorno de las alas.
Conforme se iba acercando a mí, pude distinguir mejor sus facciones. Él iba vestido como un hombre medieval, y, al cinto, llevaba atada una espada que, al rozar el suelo, dejaba un rastro en la ceniza. Tenía el paso firme, las espaldas anchas, y los brazos bien trabajados.
De su espalda, crecían unas maravillosas alas que parecían abarcar todo. Pero eran grises, no blancas, como me había imaginado a un ángel.
Su rostro era serio. Su boca se cerraba en una mueca que, en conjunto con sus demás rasgos, formaba una careta que no dejaba pasar ninguna emoción.
Su pelo castaño claro se rizaba en bucles. Sus ojos eran grises apagados, como si de un dibujo de anime se tratase.
Y, entonces me acorde.
-Ceniza…

lunes, 28 de enero de 2013

Capitulo 4. Ceniza

Al principio pensé que era una ilusión, una pequeña pesadilla en el sueño que estaba viviendo, una mancha minúscula en un pijama recien lavado.
Me levante y me lleve un susto al no darme contra Áster, le busque con la mirada y le descubrí a los pies de la escalera.
Estaba inconsciente. He de decir que me asuste. Pero rectifique y me relaje.
Me levante del todo y trate de ir hacia él, pero al tratar de bajar, algo me lo impidió. Como una pantalla que cubriese todo el perímetro del cenador.
Empecé a aporrear aquella pantalla que me reducía la escapada.
Note unos ojos que se clavaban en mi nuca, y supe que alguien estaba allí. Me di la vuelta y le encontré.
Tenía el pelo rubio, casi plateado con el reflejo de la luna incidiendo en él. Las facciones de la cara eran angulosas y bien definidas, los ojos los tenía grises,  profundos, mucho, como si tuviese un desierto de ceniza escondido en esos ojos.
Se me corto la respiración nada más verle. Como si algo me oprimiese el pecho.
Se acercó a mí, creí que estaba preparada para cualquier cosa que pudiese hacerme: secuestrarme, matarme, torturarme… pero me equivoque, no lo estaba.
Lo que hizo fue besarme. Pero no como lo hacía Áster, él lo hacía con suavidad, como con temor de romper las cosas. Aquel chico misterioso- como lo apodé más tarde- besaba con pasión, pero, parecía que ponía demasiado empeño. Quizás estuviese fingiendo. Lo hacía como si quisiera convencerme a mí que de verdad me estaba besando.
Note sus manos tocando mi espalda, sentí su tacto a través de la ropa.
Lo peor, era que yo lo disfrute. Y me odie por ello.
Se separó después, de un rato unidos.
Yo sentía una vergüenza mezclada con rabia que se iba apoderando de toda fibra de mí ser.
Mi mano se alzó en un acto reflejo, y fue en dirección a su cara, sin embargo, cuando quedo a pocos milímetros, él se movió muy rápido y me agarro la muñeca, impidiendo que cumpliese mi objetivo.
Mi respiración era agitada, él ni se inmuto. 
Trataba de ocultarlo, pero algo en el ambiente le hacía daño. Como si el propio aire estuviese impregnado de pequeñas cuchillas que desgarraban la piel. Él se dio cuenta de que yo lo había notado. Fue a decir algo, pero entonces oímos un débil gemido, que provenía de Áster.
El chico pronuncio una maldición por lo bajo y desapareció.
Pero, aun estaba lo suficientemente presente para oír lo que me dijo.
‘No te conviene que sepa que has estado conmigo’ no sonó a través de mis oídos ‘inventate una excusa y… mira tú muñeca’
Aquella voz sonó en mi mente. Hice lo que me pidió, observe mi muñeca… nada. Observe la otra… na… un momento, en la otra muñeca tenía una especie de pulsera de plata, acabado en una bola de oro. Oí otro gemido y decidí que ya la investigaría más tarde, la guarde en el bolso que había quedado en las escaleras, tras que Áster me cogiese.
Me dirigí hacia Áster y no me sorprendió no encontrar la barrera que antes me había impedido proseguir.
Me acerque a él, y con cuidado, le puse boca arriba. Empezó a moverse y a hacer muecas de dolor, primero la cabeza, luego abrió los ojos. Y a mí, se me llenaron de lágrimas.
El por fin reacciono.
-¿Qué ha pasado?-dijo con un tono confuso en la voz.
-Yo…-trate de ganar tiempo, aun no me había recuperado del todo para pensar con racionalidad-¿te acuerdas de algo?
-Bueno… sé que te subí, y lo demás está un poco borroso-dijo con voz vacilante. Una idea se apareció en mi mente, en forma de una mentira ruinosa.
-Pues… la verdad es que me dejaste caer, y te empuje, y…- se me aguaron los ojos- te caíste, has estado inconsciente unos minutos, me he asustado y…
No pude seguir hablando, los brazos robustos de Áster me rodearon, cortándome momentáneamente la respiración, y haciéndome sentir más ruin de lo que ya me sentía.
Al rato de estar así, paramos.
Me seque las lágrimas y me fije, por primera vez, en una cicatriz que Áster tenía, desde el principio de la clavícula, hasta quedar tapada por la camiseta, empapada por mis lágrimas.
No era más que una fina línea blanca, con varias marcas de puntos de sutura. Estuve tentada a tocársela, pero me contuve.
Me separe de él y nos levantamos.
-Anda vamos- dijo Áster- volvamos a casa.
                                       *                       *                          *
El trayecto de vuelta se me torno extraño.
Esa vez, podía ver por dónde íbamos. Veía todos los lugares por donde habíamos pasado anteriormente.
Pasamos por otros claros, totalmente iluminados por la luz que emanaba la luna, pero también por partes frondosas que daban pavor.
No solo por la certeza de no ver nada, si no, también por los sonidos de los animales, que rebotaban en los árboles y te los devolvían con más profundidad. Como con eco.
Podría identificar algunas cosas, pero otras eran totalmente desconocidas para mis inexpertos oídos.
Tardamos más que la primera vez.
Pensé que lo hizo aposta, yo quería pasar más tiempo con él, pero la culpabilidad no se iba de mi pecho y lo aprisionaba, y no ayudaba el hecho, de que Áster pasase un brazo por mis hombros todo el rato, envolviéndome con la calidez de sus brazos.
Decidí apartar al chico misterioso de mis pensamientos y me concentre en el que tenía a mi lado y que, recientemente, había descubierto que lo amaba.
Le bese en la mejilla y le regale mi mejor sonrisa, a él se le iluminaron los ojos, se puso frente a mí y me alzo la cabeza cogiéndome por la barbilla. Parecía una pequeña danza en la cual, cada uno tenía su papel y su momento para actuar. Se inclinó levemente, yo entorne los ojos, recorrió mis pómulos con los dedos, pasando por toda la superficie, yo me puse de puntillas, para poder alcanzar lo que tanto anhelaba: sus besos. El termino su inspección de mis mejillas y se dedicó a acariciarme la nuca mientras nuestros labios se iban rozando y uniendo, poco a poco, entregándose a un beso que me supo a gloria.
                                       *                       *                          *
Atravesamos el bosque intercambiando palabras y besos dulces, hasta que llegamos a la calle principal de Villa. Se acabaron en ese momento las palabras.
Avanzábamos cogidos de la mano y con miradas cómplices que sustituían a las palabras, pues, vale más una mirada que mil palabras.
Su sonrisa daba luz a la calle por la que pasábamos, de camino a mi casa, y, cuando su boca no dejaba ver su perfecta dentadura, y las comisuras de sus labios no se alzaban, el brillo de sus ojos delataba su estado de ánimo.
Yo me reía con sus bromas y anécdotas, a su vez, Áster se reía con las mías.
Me impregne de su esencia, de todo el, y espere conservar su olor por más tiempo.
Mi cabeza reposaba sobre su hombro, su brazo me rodeaba los míos haciéndome sentir protegida en ellos. Nuestros pasos iban acompasados al ritmo del sonido que producían al chocar con el suelo.
Como en una nube, llegamos a la verja que separaba la calle del jardín de mi casa.
Las luces de las ventanas estaban encendidas, y una franja de luz se dibujó en el césped al abrirse la puerta principal. Áster y yo nos dimos un abrazo, que, a mi juicio, duro poco.
-Ahora te veo- susurro en mi oreja, y el aire que salió de su boca, me hizo cosquillas.
Fui a preguntarle que quería decir con eso, pero había desaparecido, sonreí, negué con la cabeza y con mi rostro alegre, entre a mi casa.
En la entrada se hallaba mi tía, con los brazos en jarras, ojo morado, y con cara de enfadada, como un perro rabioso, sus ojos destacaban por la expresión mortecina que daban al resto de la cara.
-Sube a tu cuarto- me ordeno, en otras circunstancias le habría respondido, pero ahora que la llama que me había dado fuerzas para mantenerme en pie hasta altas horas de la noche se había extinguido, no me quedaba otra que resignarme y subir las escaleras que conducían al segundo piso, y por tanto, a mi cuarto.
Al llegar, libere un suspiro que había estado conteniendo y me lance a la cama.
Rebote al instante, porque note que algo me había pinchado el muslo, en la parte superior. Examine la cama para ver si veía algo extraño, pero no encontré nada.
Mire la parte donde me había pinchado, y descubrí con sorpresa, que lo que había sido, era la extraña pulsera que el chico misterioso me había dejado.
La saque del bolsillo y la observe bien, no era de plata, sino más bien…. Un gris desvaído.
Lo apreté con los dedos y vi que la figura que antes había sido una esfera,  se deformaba y adoptaba una textura pastosa.
La curiosidad me carcomía por dentro, ¿Cómo podría haber un mensaje dentro de eso? ¿Qué decía el mensaje?...
Quise con toda mi fuerza saber que era aquel extraño objeto… y la pasta comenzó a cambiar, haciéndose más grande, más pesada y adoptando la forma del… pozo, con todos sus detalles, las piedras que sobresalían de algunos lugares, el relieve de la piedra, hasta tenía dibujado en relieve un cubo que el de mi pueblo no tenía…
El color también cambio, paso de ser gris a un brillante dorado, y pareció que el cambio dio lugar a un nuevo aroma exótico que se extendió por la habitación y se fue tan rápido como había venido.
Metí una mano en el pozo, y saque una especie de pergamino del mismo tono que la bola había tenido antes. El mensaje estaba escrito con letras que brillaban, como si estuviesen escritas con fuego… realmente mágico, mágico y tenebroso…
En mensaje rezaba:

Buenas noches o días Mireya, para mí, buenas noches.
Te preguntaras como se tu nombre, que este hecho no te extrañe, se muchas cosas sobre ti. Quiero avisarte que tu vida peligra, y es importante para algunos que vivas.
Supongo y seguro que acierto, no sabes la razón de esto y tienes muchas preguntas, ¿quieres las respuestas?
Dentro de un mes, cuando vuelva a haber luna llena, ve al cenador, es importante que vallas sola, o, como mucho, puedes llevar  Kelara o a Jessica.
Si quieres respuestas, ven.
Fdo. Ceniza.

La caligrafía era preciosa, acariciaba el papel y cubría la parte necesaria, nada más, ni nada menos.
Acaricie, sin darme cuenta, el nombre ceniza… parecía encajar con él.
Un sonido repiqueteo contra la ventana, que estaba cerrada.
Me asome y de paso, escondí el mensaje y el extraño pozo que volvía a ser una bola gris, en un cajón de mi escritorio.
Pegue las manos a la ventana pero no vi nada, justo, otra piedra choco con esta. Abrí la ventana y agache el cuerpo para ver mejor que o quien estaba en el jardín.
Los ojos de Áster, encerrados en un lobo. Su largo pelaje cubría todo su cuerpo dejando a la vista su feroz mandíbula, con todos sus dientes,  su aguda nariz con su desarrollado olfato, y sus impresionantes ojos que dejaban claro la diferencia entre un lobo normal y un licántropo de alma humana.
-Aparta- gruño él.
Hice lo que me pidió y el salto hacia mi ventana abierta y la cruzo con la facilidad con la que se salta un pequeño arroyo, y eso que mi habitación estaba en el segundo piso.
La habitación, con Áster dentro, parecía más pequeña de lo que era. Aunque no era muy grande, Áster en su forma lobuna, ocupaba la mayor parte de esta.
No pude contenerme y le acaricie el pelaje, y resulto áspero al tacto, pero hundí la mano un poco más, y encontré una cómoda y suave parte en la que me entretuve en retirar la mano.
Estaríamos más cómodos si él fuese humano, sin embargo, no sabía porque, pero me daba miedo pedírselo y no encontraba las palabras.
-Esto… puedes…-titubee en un intento de encontrarlas, pero el pareció entenderlo.
Cerró los ojos, y confundió todo el entorno que estaba en penumbra, con su cuerpo.
Dos imágenes se superpusieron hasta dar lugar a la figura conocida de Áster.
Se acercó a mí y caí en la cuenta de que estábamos él y yo solos en mi habitación. Él se sentó en la cama tranquilamente.
Los colores acudieron a mí sin que yo les hubiese llamado.
Me apoye en la pared en la cual, hace tan solo unos segundos estaba a escasos centímetros.
Él se levantó de la cama  y se acercó a mí, pegando su cuerpo al mío y demostrándome que encajaban los dos perfectamente.
-Mireya… ¿Qué ocurre?- me preguntó.
-Yo… solo… estoy preocupada, tu y yo… no vamos a hacer nada ¿verdad?
El rio a carcajadas al entender mi dilema, y yo me moleste, al fin del cabo, se estaba riendo de mí.
Me di la vuelta y me separe de él, fui a la cama y levante la almohada para coger mi pijama.
Mi plan, era cogerlo e irme al baño para cambiarme, y, esperaba que Áster se hubiese ido, aunque en el fondo no quería eso.
Al dirigirme a la puerta, un obstáculo me bloqueo el camino. El.
-¿Te has enfadado?- me preguntó, en un tono más preocupado.
Le mire, y me perdí en la profundidad de su mirada, y olvide todo mi mal humor, todo por su brillo.
-No… tranquilo, no pasa nada, voy al baño a cambiarme, no quiero que me veas…
-Hombre… pues tampoco me quejaría si…
-¡Áster!- exclamé, sorprendida por esa faceta que acababa de descubrir, y       que no me disgustaba del todo.
-Jajaja… es una broma.- el hizo una pausa-¿quieres que me vaya?
-No- dije, convencida.
Le rodee y Salí. Me dirigí hacia el baño. Estaba al lado de la habitación de mi tía. A través de las finas paredes, se oían unos murmullos, de los que no entendí ninguna palabra. Lo aparte de mi menté, y comencé a ponerme el pijama de verano.
En ese momento, me di cuenta de lo rápido que iba mi corazón, y de lo mucho que me temblaban las manos.
Me apoye en la pared, e inspire hasta relajarme.
Mientras, me puse el pijama y al sentir el suave roce del pantalón que me regalaron Kelara y Jessica, me acorde de la expresión de Kelara al verme moviéndome mientras todo estaba parado, y al descubrir que yo lo había provocado.
Volví a la habitación con estos pensamientos, y me encontré a Áster sentado en mi cama, mirando una foto. En la que salíamos nosotras 5 en el baile de 2º de la ESO. Habíamos cambiado mucho desde que nos tomaron esa foto.
Áster levanto la cabeza y me miro, y, hubiese jurado que se ruborizo un poco.
-Bueno… no me parece que esto esté tan mal- dijo el, echando una mirada descarada a mi cuerpo.
-¿A qué te refieres…?
-¿No has venido sin la camiseta, por mí?
-¿sin…?- me interrumpí, al comprobar que me había olvidado la camiseta. Salí corriendo de la habitación, sin poder sentirme más idiota.
Al volver, me encontré la puerta cerrada, y, antes de abrirla, me asegure de que llevaba puestas todas las prendas.
Al entrar, me sorprendí al no encontrar a Áster, y, en el fondo, me entristecí.
Avance por  la habitación, y la puerta se cerró a mis espaldas,  sonreí y no me moleste en darme la vuelta.
Sentí sus brazos a mí alrededor. Y él comenzó a moverse, como si de una danza se tratase.
Una danza sin música, sin sonido ninguno, apoye la cabeza en su pecho. Y sentí sus labios en mi pelo, el mi oreja, en mi cuello, en mi mentón, y, así, en todas las partes de mi rostro. Dejo los labios en último puesto.
Me dio la vuelta, y los dos nos volvimos ha unir en un grandioso beso.
Me subió encima de él, de modo que mis piernas se agarraban a su cadera, y sus fuertes manos me sujetaban, impidiendo mi caída.
Sus besos se repetían, iban y venían desde mi lóbulo, hasta mi cuello. Cortos, intensos, pasionales.
Los mejores eran los  besos que me daba en los labios. Nuestras lenguas jugaban a un juego que despertaba todos mis sentidos. Mi cuerpo quería más. Pero la parte racional de mi celebro, la que todavía no se había visto nublada por la situación, me urgió que parase.
-Áster… por favor… para- intente decir, mientras un gemido se abría paso a través de mi garganta.
Él se separó y me dejo en el suelo.
-Yo… creo que me debería ir.
-No por favor- casi no me podía creer lo que me proponía decir, las palabras salían de mí y no podía controlarlas- quédate… esta noche, solo a dormir… ¿va?
Se le ilumino el rostro con su sonrisa.
Fui a la cama y la desarrope, me tumbe y le espere.
Él se acercó y se tumbó a mi lado.
Y, así pase mi primera noche con mi prometido.
Aun hoy, se me hace extraño esa palabra. Prometido. Suena a las ataduras, suena como si la sociedad hubiese retrocedido para llegar a tiempos anteriores en los que el machismo predominaba, y las mujeres no teníamos ningún tipo de elección.
Aunque, en realidad, la elección la había hecho mi madre, una mujer, por lo que sí que tenemos derechos en mi sociedad. 

lunes, 10 de diciembre de 2012

Capitulo 3: Revelaciones

Fueron Kelara y Jessica las que dieron el portazo. Los restantes giramos la cabeza a la vez, extrañados.
Mire a los que quedaban. Cloe y Kate estaban a punto de ponerse a saltar y a reírse como locas. Mi madre me miraba con los ojos grandes, y junto las manos como si estuviera rezando, con una sonrisa de oreja a oreja.
Mi prima estaba extrañada, yo no sabía la razón y mi tía asentía para sí misma como si acabara de responderse a una pregunta.
Áster me miraba a mí.
-Áster… espérame aquí ¿va?
-Claro.
-Chicas, subir a mi cuarto, ahora vengo.
Subimos las escaleras en silencio. Ellas delante, compartiendo unas risas casi imperceptibles, y yo detrás, sumida en mis pensamientos.
Al abrir la puerta, las chicas fueron corriendo a ocupar sus sitios habituales, Cloe en la silla del escritorio y Kate encima de él.Yo cogí un papel y escribí una nota: ¿Quedamos a las 10 en el pozo?
-Kate- la llame.
-Dime-. Me volvió a asaltar la sensación de saber lo que la gente sentía. Rebosaba alegría por todos los poros de su ser.
-¿Podrías darle esto a Áster?-. Le pedí, tendiéndole la nota que había escrito.
-¡Claro!
Salió de la habitación llevándose con ella todo su halo de euforia.
Me tumbe en la cama, a la espera de Kate, que llego rápidamente y me volvió a tender la nota, en ella, se veía dibujados unas extrañas letras que se asemejaban a un <Ok>
Cogió una silla de repuesto que tenía detrás de la puerta y se sentó al revés. Me miro con el ceño fruncido y una mueca extraña dibujada en la cara. Empezó ha hacer carantoñas graciosas.
No me quedo otra que reírme a más no poder. 
Cuando nuestras risas cesaron -a las que se había sumado Cloe- Kate empezó a farfullar lo que parecían palabras inconexas. 
-¿Qué?-le preguntó Cloe, ella tampoco había entendido lo que había dicho. Tras tranquilizarse, Kate habló.
-Que suertuda eres Mireya.
-Es verdad, todas te van a envidiar-. La apoyo Cloe.
-¿Incluso vosotras?
-JA
-Touche.
El resto de la noche la pasamos entre risas y bromas. Evitamos cualquier tema relacionado con Kelara y Jess. Aunque todas las teníamos muy presentes.
*                *                *
Después de una velada bastante buena, las chicas se fueron a sus casas.
Caí en la cuenta de que no sabía que ponerme para estar con Áster. Jamás me había preocupado por la ropa, pero por él, me preocupe por primera vez.
Abrí la puerta de mi armario y examine lo que tenía disponible En poco tiempo había quedado con él, y no sabía que ponerme.
Saque un par de conjuntos, me probé ambos, ninguno me convencía. Me empecé a desesperar. Una débil llamada acudió a mi puerta, la abrí, con el segundo conjunto puesto, y me encontré a mi prima. Enseño sus bonitos dientes en forma de sonrisa y hablo:
-Necesitas ayuda.
-Si…
Ella paso a mi habitación, y se dirigió hacia el armario, lo miro con curiosidad durante unos segundos y luego alargo las manos y cogió un conjunto que había pasado desapercibido a mis inexpertos ojos.
Era una minifalda negra, con vuelo, también con una camiseta blanca y una rebeca negra, lo conjunto todo con unas romanas.
Me puse la ropa que había elegido mi prima rápidamente, ella me dejo intimidad.
Me mire al espejo que estaba al lado del armario, de arriba abajo.
El pelo lo tenía largo, casi pasando la mitad de la espalda. Al flequillo le dejaba crecer, pero no mucho, lo justo para que no me tapase los ojos, que eran de color verde, con destellos dorados. Al menos, así era como me gustaba verlo. La nariz era chata, los labios menudos. El cuello delgado, el resto del cuerpo normalito, con las curvas propias de una adolescente, tenía las piernas largas a consecuencia de mis años bailando. Todo en conjunto con la ropa, me haría decir que estaba medianamente guapa. Sonreí a mi propio reflejo.
Llego la hora de irme, metí en mi bolso mi móvil y lo puse en modo silencio, para que no nos molestasen.
Tarde un cuarto de hora en llegar a la plaza del pozo. La razón de su nombre puede resultar obvia.
En el centro de la plaza, se situaba un gran pozo del que antiguamente se sacaba agua. En aquel momento, solo se utilizaba de decoración, o como símbolo del pueblo, al que a veces, se le llamaba pueblo del pozo.
Curiosamente, la plaza estaba vacía. Totalmente desierta, no se veía ni un alma.
Me apoye en el borde del pozo. Toda la plaza parecía rezumar vida, aunque no hubiese nadie. El pozo, estaba más lleno que de costumbre, y no había llovido esos días.
Una voz cristalina llego a mis oídos, con un suave eco que me recordó a las gotas al caer.
<Ven…>
Me gire hacia todas las direcciones, pero seguía sin saber que o quien era.
<Ven…>
Volvió a repetir la voz, esta vez, más fuerte.
<Ven…>
Descubrí con sorpresa, que aquella voz, salía del pozo.
<Ven…>
Me encontré agachándome hacia el agua del pozo, que poco a poco iba cubriendo toda mi cara. Me estaba hundiendo y ahogando, trate de ir hacia alguna dirección, pero mis miembros no me obedecían.
Un borrón negro cubrió mi vista por algún tiempo, no sabría deciros cuanto, recuerdo un destello dorado y luego la sensación de sentirme liberada de cualquier peso, pensé que me había muerto. Pero note que alguien o algo me tiraban hacia alguna dirección.
-Mireya…-la voz de Áster me saco de… lo que fuese que estuviese pensando o pasando.
-Hola
-¿Estás bien? Te veo un poco pálida…
-Tranquilo, no es nada, será por el contraste de la falda negra…-trate de quitarle importancia al asunto poniendo cualquier excusa para apartar aquellas imágenes de mi cabeza. Le mire y dibuje una media sonrisa en mi rostro. Eso pareció tranquilizarle, al menos un poco. Me aparto un rebelde mechón de pelo que se me había quedado en medio de mi cara.
Decidí bromear un poco.
-¿Por dónde dices que lo dejamos en mi casa?- pregunte
Se separó un poco de mí y me volvió a retirar el mismo mechón. Captó mi tono de broma y la siguió.
-Creo que hablábamos de la mala organización del instituto...
-¿Sí? Vaya... se me ocurren mejores cosas que hacer con la boca…
-¿Cómo qué?
-Pues…-. Me acerque a su mejilla y se la bese, luego me separe.-o…
Él se adelantó y poso sus labios sobre los míos. Esa vez, me entregue a ese beso que me recorría todo el cuerpo, que enviaba pequeños calambres que hacían que me temblase hasta la mas honda fibra de mi ser. Esa vez, solo existía el. Nadie más.
¿Nadie? Tuve una sensación que ignoré por completo al sentir la lengua de Áster jugar con la mía.
Por fin nos separamos. Le oía respirar entrecortadamente.
-Ven conmigo-me susurro.
-¿A dónde?
-Es una sorpresa ¿te fías?
Me costó, pero al final asentí con la cabeza. Metió su mano en uno de los bolsillos de su vaquero y del sacó una cinta. Me miró pidiendo permiso para ponérmela. Volví a asentir. Me di la vuelta y lo último que vi antes de que la cinta me tapase los ojos fueron otro par, mirándome. No me pude fijar bien, pero hubiese jurado que aquellos ojos que provenían del pozo, eran rojo sangre. Después, no vi nada.
Nos pusimos a caminar, sentía una de sus manos en mi espalda y la otra apoyada cuidadosamente en mi hombro.
A veces, podía reconocer el duro suelo tan propio de las calles empedradas de mi pueblo, otras veces no podía hacerlo, pisaba tierra blanda, y me llegaba el olor del bosque, pero no sabía si era que estábamos realmente en el bosque, o si era Áster, ya que todo el desprendía un suave aroma almizcleño.
Paramos al cabo de un rato. Habíamos llegado a nuestro destino.
Sentí el nudo de la cinta deshacerse y dar paso a la oscuridad.
                                       *                       *                          *
Mis ojos tardaron unos segundos en adaptarse a la nueva penumbra.
La noche reinaba en aquel paisaje idílico, rodeado de árboles altos y frondosos, que dejaban que la luz de la luna llena acariciase suavemente el suelo del claro.
Un leve destello capto mi atención. Tapado parcialmente por árboles, se encontraba un gran senador blanco. Me lleve una mano a la boca para acallar un pequeño gemido que se abría paso por mis cuerdas vocales.
Sentí las manos de Áster buscando las mías, el las encontró, las apreté suavemente y comenzamos a caminar en silencio, solo roto por el sonido de nuestras pisadas en el suelo esponjoso.
Cuando estuvimos a pocos metros del gran cenador, solté la mano de Áster y me adelante yo sola. Me fije en detalles que a distancia me habían pasado desapercibidos, como que las columnas estaban hechas de mármol y decoradas con motivos de hojas cayéndose, o que había un pilar central que parecía sujetar el techo y las columnas, o que todo el conjunto parecía un hermoso sauce llorón petrificado.
En un lado de este sauce, se encontraban unas escaleras (también de mármol), invitaban a subir y perderse en todos los detalles que invadían aquel paisaje. Pero no subí, espere a que Áster llegase a mi lado, el miraba a la luna con sus ojos azules. Parecían perderse en la grandeza de ese astro.
Me di la vuelta y quede de espaldas a Áster, me apoye en su pecho, lo notaba subir y bajar a ritmo de su respiración. Me relajo, cerré los ojos y permití que la tensión saliese de mí. Los brazos de él me rodearon la cintura.
De repente, me cogió en volandas, fue subiendo los escalones de uno en uno dejando detrás de nosotros los frondosos árboles que rodeaban aquel mágico claro.
Llegamos arriba de las escaleras y pregunté a Áster:
-¿Piensas tenerme así mucho tiempo?
El esbozo una sonrisa que empezaba ha cautivarme cada vez que la veía.
-Tanto como me dejes- susurro en mí oído, suavemente.
-¿Y si no te estoy dejando ahora?
Note sus brazos abandonando su posición, me dejo caer, pero me agarre a su cuello y evite lo que podría haber sido, una patética caída.
Sentí que el caía también, pero se recuperó antes de que nos estampásemos, él se estabilizo y no nos chocamos contra el frió suelo.
Mi respiración era agitada por la impresión, aun así, pude hablar cuando Áster me deposito en el cenador.
-Me has dejado caer…
-No lo haría- me respondió el.
-¡JA! Eso lo dices ahora.
-No-dijo el, repentinamente serio-No dejare que sufras daños. Te quiero demasiado.
Le mire extrañada, me había cogido desprevenida y no tenía más cosas que decirle. Me levante lo que pude y le bese. O al menos, lo intente.
Una luz potente y breve apareció y desapareció con la rapidez de un rayo. Y no sentí el peso de Áster sobre mí.