jueves, 15 de noviembre de 2012

Capitulo 2: El cumpleaños.

Me desperté con los primeros rayos del Sol, y estuve los primeros diez minutos un poco desorientada, y los diez siguientes enfadada. Luego recordé que día era y me puse de los nervios mientras me ponía la ropa. Una camiseta azul de tirantes con el logo de chupa chups y unos shorts vaqueros.
Baje a desayunar y descubrí que no había nadie en la casa. Mi madre se debería haber ido ya.
Mire por la ventana y descubrí el CX5 de mi tía aparcado. También debería haberse ido ella.
Al terminar de desayunar, me dirigí a mi cuarto y me conecte al tuenti. Había poca gente conectada. Me desconecte enseguida.
Me tumbé en la cama, y espere a que llegasen mis amigas para salir todo el día por Villa.
El timbre sonó al poco tiempo de tumbarme.
Baje corriendo las escaleras y abrí la puerta. Las chicas y Jake me recibieron con un sonoro:
-FELICIDADES.
Todos portaban una pequeña bolsa con refrescos y comida, y, Jess llevaba un gran paquete que me dio enseguida.
-Felicidades Mir.
-Muchas gracias Jess-. Le respondí dándole un beso en la mejilla.
A veces me sentía fuera de lugar entre ellas. 
Jess era la más pequeña, cumpliría los dieciséis en noviembre, aunque parecía que era mayor. Tenía un rostro angelical, en el que detrás se escondía una pequeña demonio, sus ojos eran verdes y su cabello era como una cascada dorada que caía hasta casi la mitad de la espalda.
En edad, la seguía Kate, una chica que nunca dejaba de sonreír, de ojos azules y pelo castaño oscuro.
La seguía Cloe, de la misma edad que nosotras, era de carácter reflexivo y ojos marrones y profundos y pelo cortado con melena ondulada.
La mayor era Kelara, era un año mayor que nosotras. Su rostro se asemejaba a una persona extranjera, era de piel morena, sin llegar a ser negra. Tenía los ojos castaños, pero normalmente se ponía lentillas de diferentes colores, y el pelo negro con mechas rojas.
-Bueno chicos ¿nos vamos?- dije.
-Claro- dijo Cloe.
Pasamos un día fantástico, fuimos al parque e hicimos un picnic con las cosas que se habían traído los chicos.
Por la tarde, paseamos por la playa y vino David con nosotros. A última hora, fuimos a las canchas y estuvimos jugando al baloncesto, ganó nuestro equipo, formado por Jake, Kelara y yo.
El día se me paso rápido, demasiado rápido para mi gusto. Pronto, la noche se echó sobre las calles de Villa.
Jake y David se fueron pronto, y Jake se despidió de Cloe con un gran beso.
El camino hasta mi casa fue en el más absoluto silencio, solo roto por el sonido que producían nuestras pisadas al chocar contra el suelo asfaltado y los intentos de las chicas por entablar conversación conmigo. La única que no intentaba animarme era Kelara, que se situó a mi lado y me agarro de la mano.
Llegamos en seguida. La gran puerta negra custodiaba la entrada al jardín. Saque las llaves y abrí. Caminamos por el camino de piedra que conducía a la casa.
Llame al timbre, y la expectación creció entre nosotras. El silencio se terminó de instalar.
Había tal silencio, que, si prestabas atención, podías oír los pasos de mi madre corriendo por toda la casa para abrir la puerta, e, incluso, podías percibir el sonido de la mirilla al alzarse.
Al fin, mi madre abrió la puerta. Por ella, salió una pequeña figura, mi prima. La llevaba varios días esperando. Tenía dos años menos que yo, y éramos muy amigas, aunque ese último año apenas habíamos hablado.
Era un poco bajita, con el pelo castaño claro y los ojos azules enmarcados con unas gafa pasta que le quedaban muy bien, delgadita y caracterizada de un gran sentido del humor.
Salió corriendo y me dio un abrazo. Yo se lo compense con un ruidoso beso en la mejilla.
Detrás de ella, salió otra mujer. Mi madre, tenía 46 años, pero se conservaba muy bien.
-Hola hija, chicas-. Nos saludó a todas- ¡pero no os quedéis ahí! Pasar, pasar.
-Buenas noches Rocío- Cloe le devolvió el saludo.
Mi madre le respondió con una sonrisa. De la puerta de la cocina, salió mi tía. Con cara de enfado, con el ceño y los labios fruncidos y con arrugas por la cara.
-Cariño, espero que no te arrepientas de haberme hecho caso…-dijo mi madre susurrandolo en mi oido.
De la puerta del salón, salió la única persona que no me esperaba ver. Áster.
Volvió a pasar. El tiempo se paralizo, como siempre, pero esa vez, hubo una diferencia, y esa diferencia tenía un nombre, Kelara.
Hasta ahora no he sabido el motivo, pero esa vez, a ella no le afectó la parálisis. Observaba todo con temor y desesperación por encontrar una explicación racional a la situación. Daba vueltas frenéticamente buscando una razón y una solución.
Cuando se dio cuenta de que yo también podía moverme, abrió los ojos como platos y su rostro se desfiguro en una mueca de sorpresa.
-Tu… no… no es posible…-dijo Kelara, pero, no le dio tiempo ha decir nada más, porque el tiempo se reanudo y la situación se volvió todo lo normal que pudo ser. Kelara se puso a la altura  de Jessica, y, con una simple mirada, se pusieron al corriente de la situación, o eso me pareció. Siempre había envidiado la facilidad que tenían ellas para ponerse al corriente.
Me di la vuelta, y vi a Áster mucho más cerca de lo que le recordaba. Sus ojos danzaban por toda mi cara. Supongo que yo también hacia lo mismo, observaba cada rasgo que le caracterizaba.
Él se agacho, yo me puse de puntillas, e instintivamente, nos fundimos en un beso, que me hizo temblar de pies a cabeza.
Fue un momento que no se me olvidará en la vida.
De repente, algo en mi cabeza cambio. Como si una pieza de un gran puzle hubiese encontrado su lugar.
Pude saber lo que los demás sentían, pero no pude identificar a que persona pertenecía ese sentimiento. Alegría, amor, enfado, furia, euforia… varios sentimientos como esos.
Ese  momento paso, y me sentí un poco vacía, aunque ese vacío se llenó al volver a prestar atención a los labios de Áster.
Sonó un fuerte portazo y varios de los presentes se sobresaltaron, incluido Áster. Que dio un pequeño salto y ahí se acabó nuestro beso.