lunes, 10 de diciembre de 2012

Capitulo 3: Revelaciones

Fueron Kelara y Jessica las que dieron el portazo. Los restantes giramos la cabeza a la vez, extrañados.
Mire a los que quedaban. Cloe y Kate estaban a punto de ponerse a saltar y a reírse como locas. Mi madre me miraba con los ojos grandes, y junto las manos como si estuviera rezando, con una sonrisa de oreja a oreja.
Mi prima estaba extrañada, yo no sabía la razón y mi tía asentía para sí misma como si acabara de responderse a una pregunta.
Áster me miraba a mí.
-Áster… espérame aquí ¿va?
-Claro.
-Chicas, subir a mi cuarto, ahora vengo.
Subimos las escaleras en silencio. Ellas delante, compartiendo unas risas casi imperceptibles, y yo detrás, sumida en mis pensamientos.
Al abrir la puerta, las chicas fueron corriendo a ocupar sus sitios habituales, Cloe en la silla del escritorio y Kate encima de él.Yo cogí un papel y escribí una nota: ¿Quedamos a las 10 en el pozo?
-Kate- la llame.
-Dime-. Me volvió a asaltar la sensación de saber lo que la gente sentía. Rebosaba alegría por todos los poros de su ser.
-¿Podrías darle esto a Áster?-. Le pedí, tendiéndole la nota que había escrito.
-¡Claro!
Salió de la habitación llevándose con ella todo su halo de euforia.
Me tumbe en la cama, a la espera de Kate, que llego rápidamente y me volvió a tender la nota, en ella, se veía dibujados unas extrañas letras que se asemejaban a un <Ok>
Cogió una silla de repuesto que tenía detrás de la puerta y se sentó al revés. Me miro con el ceño fruncido y una mueca extraña dibujada en la cara. Empezó ha hacer carantoñas graciosas.
No me quedo otra que reírme a más no poder. 
Cuando nuestras risas cesaron -a las que se había sumado Cloe- Kate empezó a farfullar lo que parecían palabras inconexas. 
-¿Qué?-le preguntó Cloe, ella tampoco había entendido lo que había dicho. Tras tranquilizarse, Kate habló.
-Que suertuda eres Mireya.
-Es verdad, todas te van a envidiar-. La apoyo Cloe.
-¿Incluso vosotras?
-JA
-Touche.
El resto de la noche la pasamos entre risas y bromas. Evitamos cualquier tema relacionado con Kelara y Jess. Aunque todas las teníamos muy presentes.
*                *                *
Después de una velada bastante buena, las chicas se fueron a sus casas.
Caí en la cuenta de que no sabía que ponerme para estar con Áster. Jamás me había preocupado por la ropa, pero por él, me preocupe por primera vez.
Abrí la puerta de mi armario y examine lo que tenía disponible En poco tiempo había quedado con él, y no sabía que ponerme.
Saque un par de conjuntos, me probé ambos, ninguno me convencía. Me empecé a desesperar. Una débil llamada acudió a mi puerta, la abrí, con el segundo conjunto puesto, y me encontré a mi prima. Enseño sus bonitos dientes en forma de sonrisa y hablo:
-Necesitas ayuda.
-Si…
Ella paso a mi habitación, y se dirigió hacia el armario, lo miro con curiosidad durante unos segundos y luego alargo las manos y cogió un conjunto que había pasado desapercibido a mis inexpertos ojos.
Era una minifalda negra, con vuelo, también con una camiseta blanca y una rebeca negra, lo conjunto todo con unas romanas.
Me puse la ropa que había elegido mi prima rápidamente, ella me dejo intimidad.
Me mire al espejo que estaba al lado del armario, de arriba abajo.
El pelo lo tenía largo, casi pasando la mitad de la espalda. Al flequillo le dejaba crecer, pero no mucho, lo justo para que no me tapase los ojos, que eran de color verde, con destellos dorados. Al menos, así era como me gustaba verlo. La nariz era chata, los labios menudos. El cuello delgado, el resto del cuerpo normalito, con las curvas propias de una adolescente, tenía las piernas largas a consecuencia de mis años bailando. Todo en conjunto con la ropa, me haría decir que estaba medianamente guapa. Sonreí a mi propio reflejo.
Llego la hora de irme, metí en mi bolso mi móvil y lo puse en modo silencio, para que no nos molestasen.
Tarde un cuarto de hora en llegar a la plaza del pozo. La razón de su nombre puede resultar obvia.
En el centro de la plaza, se situaba un gran pozo del que antiguamente se sacaba agua. En aquel momento, solo se utilizaba de decoración, o como símbolo del pueblo, al que a veces, se le llamaba pueblo del pozo.
Curiosamente, la plaza estaba vacía. Totalmente desierta, no se veía ni un alma.
Me apoye en el borde del pozo. Toda la plaza parecía rezumar vida, aunque no hubiese nadie. El pozo, estaba más lleno que de costumbre, y no había llovido esos días.
Una voz cristalina llego a mis oídos, con un suave eco que me recordó a las gotas al caer.
<Ven…>
Me gire hacia todas las direcciones, pero seguía sin saber que o quien era.
<Ven…>
Volvió a repetir la voz, esta vez, más fuerte.
<Ven…>
Descubrí con sorpresa, que aquella voz, salía del pozo.
<Ven…>
Me encontré agachándome hacia el agua del pozo, que poco a poco iba cubriendo toda mi cara. Me estaba hundiendo y ahogando, trate de ir hacia alguna dirección, pero mis miembros no me obedecían.
Un borrón negro cubrió mi vista por algún tiempo, no sabría deciros cuanto, recuerdo un destello dorado y luego la sensación de sentirme liberada de cualquier peso, pensé que me había muerto. Pero note que alguien o algo me tiraban hacia alguna dirección.
-Mireya…-la voz de Áster me saco de… lo que fuese que estuviese pensando o pasando.
-Hola
-¿Estás bien? Te veo un poco pálida…
-Tranquilo, no es nada, será por el contraste de la falda negra…-trate de quitarle importancia al asunto poniendo cualquier excusa para apartar aquellas imágenes de mi cabeza. Le mire y dibuje una media sonrisa en mi rostro. Eso pareció tranquilizarle, al menos un poco. Me aparto un rebelde mechón de pelo que se me había quedado en medio de mi cara.
Decidí bromear un poco.
-¿Por dónde dices que lo dejamos en mi casa?- pregunte
Se separó un poco de mí y me volvió a retirar el mismo mechón. Captó mi tono de broma y la siguió.
-Creo que hablábamos de la mala organización del instituto...
-¿Sí? Vaya... se me ocurren mejores cosas que hacer con la boca…
-¿Cómo qué?
-Pues…-. Me acerque a su mejilla y se la bese, luego me separe.-o…
Él se adelantó y poso sus labios sobre los míos. Esa vez, me entregue a ese beso que me recorría todo el cuerpo, que enviaba pequeños calambres que hacían que me temblase hasta la mas honda fibra de mi ser. Esa vez, solo existía el. Nadie más.
¿Nadie? Tuve una sensación que ignoré por completo al sentir la lengua de Áster jugar con la mía.
Por fin nos separamos. Le oía respirar entrecortadamente.
-Ven conmigo-me susurro.
-¿A dónde?
-Es una sorpresa ¿te fías?
Me costó, pero al final asentí con la cabeza. Metió su mano en uno de los bolsillos de su vaquero y del sacó una cinta. Me miró pidiendo permiso para ponérmela. Volví a asentir. Me di la vuelta y lo último que vi antes de que la cinta me tapase los ojos fueron otro par, mirándome. No me pude fijar bien, pero hubiese jurado que aquellos ojos que provenían del pozo, eran rojo sangre. Después, no vi nada.
Nos pusimos a caminar, sentía una de sus manos en mi espalda y la otra apoyada cuidadosamente en mi hombro.
A veces, podía reconocer el duro suelo tan propio de las calles empedradas de mi pueblo, otras veces no podía hacerlo, pisaba tierra blanda, y me llegaba el olor del bosque, pero no sabía si era que estábamos realmente en el bosque, o si era Áster, ya que todo el desprendía un suave aroma almizcleño.
Paramos al cabo de un rato. Habíamos llegado a nuestro destino.
Sentí el nudo de la cinta deshacerse y dar paso a la oscuridad.
                                       *                       *                          *
Mis ojos tardaron unos segundos en adaptarse a la nueva penumbra.
La noche reinaba en aquel paisaje idílico, rodeado de árboles altos y frondosos, que dejaban que la luz de la luna llena acariciase suavemente el suelo del claro.
Un leve destello capto mi atención. Tapado parcialmente por árboles, se encontraba un gran senador blanco. Me lleve una mano a la boca para acallar un pequeño gemido que se abría paso por mis cuerdas vocales.
Sentí las manos de Áster buscando las mías, el las encontró, las apreté suavemente y comenzamos a caminar en silencio, solo roto por el sonido de nuestras pisadas en el suelo esponjoso.
Cuando estuvimos a pocos metros del gran cenador, solté la mano de Áster y me adelante yo sola. Me fije en detalles que a distancia me habían pasado desapercibidos, como que las columnas estaban hechas de mármol y decoradas con motivos de hojas cayéndose, o que había un pilar central que parecía sujetar el techo y las columnas, o que todo el conjunto parecía un hermoso sauce llorón petrificado.
En un lado de este sauce, se encontraban unas escaleras (también de mármol), invitaban a subir y perderse en todos los detalles que invadían aquel paisaje. Pero no subí, espere a que Áster llegase a mi lado, el miraba a la luna con sus ojos azules. Parecían perderse en la grandeza de ese astro.
Me di la vuelta y quede de espaldas a Áster, me apoye en su pecho, lo notaba subir y bajar a ritmo de su respiración. Me relajo, cerré los ojos y permití que la tensión saliese de mí. Los brazos de él me rodearon la cintura.
De repente, me cogió en volandas, fue subiendo los escalones de uno en uno dejando detrás de nosotros los frondosos árboles que rodeaban aquel mágico claro.
Llegamos arriba de las escaleras y pregunté a Áster:
-¿Piensas tenerme así mucho tiempo?
El esbozo una sonrisa que empezaba ha cautivarme cada vez que la veía.
-Tanto como me dejes- susurro en mí oído, suavemente.
-¿Y si no te estoy dejando ahora?
Note sus brazos abandonando su posición, me dejo caer, pero me agarre a su cuello y evite lo que podría haber sido, una patética caída.
Sentí que el caía también, pero se recuperó antes de que nos estampásemos, él se estabilizo y no nos chocamos contra el frió suelo.
Mi respiración era agitada por la impresión, aun así, pude hablar cuando Áster me deposito en el cenador.
-Me has dejado caer…
-No lo haría- me respondió el.
-¡JA! Eso lo dices ahora.
-No-dijo el, repentinamente serio-No dejare que sufras daños. Te quiero demasiado.
Le mire extrañada, me había cogido desprevenida y no tenía más cosas que decirle. Me levante lo que pude y le bese. O al menos, lo intente.
Una luz potente y breve apareció y desapareció con la rapidez de un rayo. Y no sentí el peso de Áster sobre mí.

4 comentarios:

  1. ohhh, me encanta, me cautivaste desde el primer capítulo, es una historia que engancha y además al leerlo tienes la sensación de que puedes ver y sentir lo mismo que los personajes...
    Un beso, sigue escribiendo así.
    C.L.L

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  2. Buah, me he leído los otros capítulos, y me tienes enganchadísima, cuenta conmigo te comentaré cada vez que subas entradas.

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  3. Me encanta!!! Para cuando el siguiente? Me tienes super enganchada!!! ^^

    Te sigo!!! Bss

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