lunes, 25 de febrero de 2013

CAPITULO 5-LOBOS

Dos figuras avanzaban por el bosque, descalzas, corriendo.
La suave tela plateada que formaba la túnica de Jessica resplandecía con el brillo de la luna, y ondeaba suavemente detrás de ella. Kelara, que iba detrás de ella, llevaba ropa normal, una camiseta verde y unos piratas vaqueros. Ambas iban descalzas, y casi sus pies no tocaban el suelo.
Otras tres figuras salieron de los árboles, lobos.
El más grande, es el que iba en la cabeza de la partida, con un pelaje negro como el azabache, y los ojos azules y grandes, con fauces grandes y garras intimidantes.
El otro, más pequeño, iba detrás del negro, era gris, de ojos negros, corría más que el negro, pero le dejaba en cabeza, ya que se ve que el lobo grande era el jefe.
El último era más pequeño, casi del tamaño de un lobo normal. Con los ojos azules como el primer lobo, y el pelaje casi negro.
-Mierda… nos siguen- dijo Kelara.
Aumentaron el ritmo de la carrera, no podían llevar a los lobos hasta el portal.
Por fin, les dieron esquinazo. Siguieron corriendo por si acaso, y, dieron un rodeo para llegar a su destino.
Casi al final del bosque, llegaron a un claro muy grande.
Al entrar, Kelara fue la primera en hincar la rodilla y saludar a los tres visitantes que les esperaban en ese lugar.
Estaban escondidos en las sombras, y a Jessica le costó más encontrarlos e imitar a su amiga.
-Mis señores…-dijeron al unísono.
-Levantaos- ordeno la tercera figura, que permaneció a la sombra de la noche.
La primera y la segunda figura salieron y la luz de la luna iluminó sus cuerpos.
Covan era el mayor de los tres, un año mayor que Kelara. Su cara angulosa estaba enmarcada por un halo de perfección que parecía enmarcar a la segunda figura también. Alex, un año menor que Covan.
Los dos chicos se acercaron a las muchachas. Covan abrazó a Kelara, y Alex avivó la sonrisa de Jessica con un beso en la mejilla.
La ultima figura, tras contemplar ese espectáculo, salió a la luz.
Los tres chicos se parecían entre ellos. Sus ojos eran de las pocas diferencias que tenían. Covan, los tenía azules, pero no los azules normales de la gente normal, los tenía cual mar embravecido por la peor tormenta.
Alex los tenía verdes, intensos, tanto como un prado de hierba interminable.
Y el último de todos… los tenía gris ceniza. Profundos, más oscuros a medida que se iban cerrando en la pupila. Por esa razón, por sus ojos, le dieron el apodo por el que le conocían; ceniza. 
Esa noche, en otro lugar del bosque.
-Se nos han escapado esas malditas doradas…-dijo Ibai, el lobo negro en su forma humana.
-Tranquilo…-intentó tranquilizarle Axel, el lobo gris.
-Papa- dice Xabi, el hijo de Ibai, que estaba viendo el estado de alteración de su padre.-Papa…
-Cállate Xabi- le ordena Axel.
-No digas eso Axel…- dice Ibai- lo siento Xabi, pero sabes que no deberías haber venido, te lo había prohibido, ¿y si te hubiese pasado algo?
-Lo siento papa… es que… no quiero estar en el campo solo mientras tu estas por ahí… yo quiero estar contigo papa…
 -Ay…-Ibai profirió un suspiro…- Xabi… ve yendo por delante, abre camino y ahora te seguimos.
-Vale papa- dijo Xabi, al tiempo que le crecía pelo por el cuerpo y se iba encorvando hasta convertirse en un pequeño hombre lobo. Pronto, desapareció entre los arboles del bosque.
-Ibai, yo quiero mucho a mi sobrino… pero no puede venir de nuevo a una misión, tenemos que conseguir destruir todos los portales, y acabar con los dorados que queden y lo sabes, si consiguen pasar aquí… sería una catástrofe.
-Lo se… lo se hermano, pero también quiero que aprenda a defenderse. Son importantes las dos cosas…
-Creo que tienes que ordenar tus prioridades Ibai.
Ibai pasó de responder y se transformó en lobo.
-Axel, no me digas lo que tengo que hacer, cierra la partida. Si ves algo raro, avisa-. Dijo Ibai, con la voz distorsionada al pasar el aire por la garganta del lobo.
-¿Y dónde está tu otro hijo?
-No lo sé… esta noche  iba a venir con nosotros, no sé dónde estará… este chico…- suena como un gruñido.
-Mañana hablaremos con él.
-Axel, ya hablare yo con él.
Ibai comenzó a correr, dejando a Axel solo.
No quiso decirle a Axel que ese día, su hijo tenía una cita muy especial, y que él esperaba que le hubiese ido lo mejor, y que Mireya le hubiese aceptado. ‘Después de todo,’ piensa `siempre se había llevado muy bien con Xabi, y, se lleva mejor aún con mi hijo Áster’
A la mañana siguiente
Me desperté temprano. Y me sorprendí al encontrar a Áster a mi lado. De pronto, todos los acontecimientos de la pasada noche, vinieron a mi mente.
Sonreí al volver a mirar a Áster, y recorrí con la mirada todos sus rasgos, ya que temía que si las recorría con las manos, le despertase.
Pero él ya estaba despierto.
-Buenos días- dije.
-Buenos días… ¿Qué tal has dormido?
-Pues… no ha estado mal…-respondí con mi mejor sonrisa.
-¿Qué no ha estado mal?- preguntó, aparentemente alarmado, pero con una mueca burlona en el rostro.
-Bueno… he tenido noches mejores.
-Admite que no.
-¿O sino qué?
-Pues…- sin apenas darme cuenta, salto y se colocó encima de mí, atrapo mis manos contra la almohada, rio a carcajadas y agacho la cabeza, de modo que nuestras narices se rozaron y su pelo me hizo cosquillas en la frente.
-Admite que ha sido tu mejor noche…-amenazó, repentinamente serio.
-Mmm… no ha sido mi mejor noche, pero… si ha sido mi mejor despertar- concluí con una sonrisa, me alcé todo lo que pude y le bese.
Realmente había sido mi mejor despertar.
*         *         *
Pasaron tres semanas en las que no ocurrió nada interesante.
Todas las noches, Áster se colaba en mi habitación y todas las mañanas, nos levantábamos temprano, y se iba por la ventana. En cuanto sus pies tocaban el suelo, él se transformaba en lobo y luego lo veía normalmente en el instituto.
La cosa con mis amigas estuvo tensa, con Kate y Cloe quedaba muchos días junto a Áster y los chicos de mis amigas. David y Jake. Los mejores amigos de ambas y, recientemente, sus novios.
Pero, la situación con Kelara y Jess se tornó extraña, ya apenas hablábamos y si cruzábamos palabras eran un simple saludo y preguntas de cortesía.
Tras casi cuatro semanas de incansable indiferencia por parte de Jess y Kelara, por fin, nos propusieron un plan. Una fiesta de pijamas, como las que hacíamos desde hacía dos años y que tanto las echaba de menos. Todas accedimos encantadas.
El plan era quedar con los amigos por la tarde, en la que Jess y Kelara nos presentarían a sus novios que tan celosamente los habían ocultado y, luego, iríamos a  casa de Kelara para la fiesta en la que solo estaríamos nosotras.
Llego el viernes por la tarde, el día de la fiesta, y, antes de quedar con los amigos, quedé con Kelara para dejar las cosas en su casa.
Así que, me fui antes. Una vez terminada la pequeña tarea, nos pusimos en marcha hacia la plaza mayor, también llamada la plaza del pozo.
Durante el camino, intente entablar conversación con Kelara, pero parecía que ella no estaba muy por la labor.
-Bueno… ¿Qué tal?
-bien ¿y tú?
-Bien… no me puedo quejar.
No se me ocurría nada de lo que pudiese hablar.
-Tengo ganas de conocer a tu novio- dije lo primero que se me vino a la mente, y surtió efecto.
-Y yo tengo ganas de que lo conozcáis-dijo Kelara, más animada y con una sonrisa de oreja a oreja- pero todo a su tiempo-. Añadió, dándole un toque de misterio al asunto.
El resto del trayecto hablamos de cosas más banales. Pronto, llegamos a la plaza.
En el centro, nos esperaban Jake, Cloe, David y Kate. Nos recibieron a las dos con dos besos. Charlamos para matar el tiempo. Al poco rato, llego Jess por una calle, y Áster por otra.
Ya solo quedaban los chicos de Jess y Kelara.
Los esperamos largo rato. No sabíamos ninguno, excepto quizás Kelara o Jess, el  por qué llegaban tan tarde.
Calló la noche, y solo entonces, aparecieron.
Acababan de salir de una de las calles que comunicaban con la plaza, cuando todos se quedaron callados.
Yo estaba en los brazos de Áster, y noté como se puso tenso.
Kelara y Jessica salieron corriendo a recibir a los recién llegados. Los restantes se miraron preocupados y se echaron un poco hacia atrás.
-Bueno chicos, os presento, este es Covan-. Dijo Kelara señalando al chico que tenía a su lado.
-Y este es Alex-. Dijo Jess mirando al chico que la estaba abrazando posesivamente.
-Ehh… encantada-. Dije yo, la única que dijo algo.
Los demás estaban muy serios. Parecía que habían creado una barrera alrededor suyo, que, ni el misil más potente podría derribar.
¿Qué había en aquellos dos chicos que les ponía tan nerviosos?
Me fije bien en ellos. Tenían el rostro anguloso y bien definido, el pelo les caía por la frente con forma de melena, sin llegar a tapar sus  ojos. Y sus ojos… yo me quede boquiabierta al verlos. Uno de ellos, Alex, los tenia de un azul oscuro que daba miedo, y, el otro, Covan, los tenía verdes intensos, cual prado de verde hierba. Te hacían temblar, y trasmitían millones de… matices, no sé cómo llamarlo, pero  era como si en aquellos ojos azules se encontrase la cara del azul más limpio y la del más brillante en perfecta sintonía.
-Encantado también-. Dijo Alex.
-Lo mismo digo…
-Soy Mireya.
-Ahh- dijo Alex, quien se mostró sorprendido- tu eres la famosa Mireya…
Covan me observaba con los ojos entrecerrados y la cara de alguien que está evaluando a otro alguien.
-Estos son Kate, Cloe, Jake, David, y Áster-. Dijo Jess para terminar las presentaciones.
Al decir el nombre de mi novio, los dos extraños le miraron. Y me sentí aliviada.
-Mmm… ¿no nos conocemos?- pregunto Alex. Decidí que era Alex el que preguntaba, y Covan el que juzgaba con la mirada.
-Creo que me he topado con un clon tuyo…
El silencio se instaló entre nosotros diez, lo que provoco una situación muy incómoda por parte de todos. Decidí poner fin a la situación.
-Bueno chicos, nosotras nos tenemos que ir.
<Es ella…> me pareció oír.
-¿Qué?-pregunte extrañada.
Covan volvió a dirigir su mirada hacia mí.
<interesante…> volví a oír, pensé que me lo había imaginado y pase de ello.
-Es verdad, tenemos fiesta en casa de Kelara-. Dijo Kate.
-¿Nos vamos ya? Pues…- Dijo Jess, acercándose a Alex y dándole un beso de despedida.
Todas hicimos lo mismo.
Cuando terminamos, nos pusimos en marcha. El camino fue animado, las chicas y yo conversamos sobre todo lo que se nos pasaba por la cabeza.
-¿Te acuerdas de la primera fiesta de pijamas?- Me pregunto Cloe.
-Ehh… ¿Qué?- no me había dado cuenta de que me habían hablado. Estaba demasiado ocupada en pensar en los dos extraños chicos que nos acababan de presentar, me recordaban a alguien, pero no sabía a quién- sí, ya me acuerdo, que fiestón…
-Tú estabas pensando en Áster, a que si-. Dijo Cloe con una sonrisa.
-Si…
-¡ya hemos llegado!- Anuncio Kelara, antes de que Cloe intentase preguntar algo más.
Pasamos la noche hablando de todo y de nada. De cómo y cuándo planearíamos nuestro aniversario, de donde celebraríamos nuestra próxima fiesta, de lo mal que nos caía la chica pecosa… de los chicos.
Ese tema fue el más incómodo de la velada, pero, por suerte, pronto paso el momento.
Comimos porquerías, bebimos refrescos y vimos películas, como en nuestras antiguas fiestas.
Y, a la hora de irnos a dormir, supe de qué me sonaban esos dos chicos, gracias a un sueño.
El sueño empezó en una sala grande, de techos altos, columnas al estilo griego y suelo de mármol. No había ventanas. La única iluminación provenía de unos pequeños candelabros que pendían de un soporte de hierro colgado en la pared.
De repente, la sala se llenó de gente que no conocía. Todos iban vestidos con trajes de época y máscaras, y parecía que no me  veían.
La sala empezó ha arder sin ningún motivo. Los cuerpos de la gente se consumían lentamente, mientras bailaban. Tampoco parecía que fuesen conscientes del fuego que comenzaba a quemar sus ropas.
Yo traté de avisarles, pero no me hacían caso.
Sentí que aquellas personas sufrían, que notaban sus miembros sucumbir ante el fuego. Y me trasmitían su sufrimiento a mí. Volví a ser empática después de un mes sin que me volviese a pasar.
Yo lloraba, por lo que me dolía todo el cuerpo al sentir las quemaduras de un fuego que no me afectaba y, por ver a toda esa gente convertirse en ceniza.
Los muros se derrumbaron, y de cada montón de ceniza, se formó un pequeño huracán que se acercaba a mí y que cuando llegaban a rozarme, se volvían a convertir en simple ceniza.
Después, vislumbre una figura humana. Parecía un ángel, se notaba el contorno de las alas.
Conforme se iba acercando a mí, pude distinguir mejor sus facciones. Él iba vestido como un hombre medieval, y, al cinto, llevaba atada una espada que, al rozar el suelo, dejaba un rastro en la ceniza. Tenía el paso firme, las espaldas anchas, y los brazos bien trabajados.
De su espalda, crecían unas maravillosas alas que parecían abarcar todo. Pero eran grises, no blancas, como me había imaginado a un ángel.
Su rostro era serio. Su boca se cerraba en una mueca que, en conjunto con sus demás rasgos, formaba una careta que no dejaba pasar ninguna emoción.
Su pelo castaño claro se rizaba en bucles. Sus ojos eran grises apagados, como si de un dibujo de anime se tratase.
Y, entonces me acorde.
-Ceniza…